El cientificismo
Esta tendencia postula una autonomía absoluta de la
ciencia, en la medida en que prácticamente no existen límites para la validez y
la extensión de la investigación del conocimiento científico. Esta pretendía
autonomía le daría a la ciencia libertad plena para realizar su tarea sin
ningún interferencia o regulación. Desde esta perspectiva, los cuestionamientos
éticos y sus valoraciones no tendrían cabida ya que la “respetabilidad” y el “prestigio” de la
actividad científica la hace ser única que garantiza de manera rigurosa,
objetiva y confiable la explicación de la realidad física y social, así como la
que da respuesta correctas a las múltiples preguntas que se formula el ser
humano para incautar el desarrollo social.
Así entendida la ciencia, representaría valores
superiores a otras actividades humanas, como las de la estética, la religión,
la política y por supuesto de la ética.
De esta manera, el cientificismo defiende la fuerza
milagrosa y absoluta de la ciencia por la que se constituye en dueña del poder
de decir lo que es válido, lo confiable, los aceptable, lo benéfico, útil o
determinante en el desarrollo de la sociedad.
Para el cientificismo el único conocimiento valido o
genuino no pueden ser el metafísico, poético o místico, sino solo aquel que se
ha generado a partir de la exigencia rigurosa de atenerse a los hechos, es
decir, a la realidad en cualquier clase de investigación. Esto implica admitir
que solo conocemos aquello que nos permitan conocer las ciencias tanto
empíricas como formales, y el único método de conocimiento es el propio de las
ciencias naturales, que utilizan la observación
y la experimentación y los métodos estrictamente cuantificables.
En realidad el cientificismo entraña una
reduccionismo, ya que reduce o constriñe el conocimiento a la ciencia y sus
procedimientos, tal postura y visión del mundo comienza a cobrar vigor en el
siglo XVIII, en la etapa de la ilustración europea que se caracterizó por la
exaltación de la razón científica y matemáticas como factor determinante del
progreso humano. Más tarde es reafirmada por la filosofía positivista
inaugurada por el filósofo francés Agusto Comte, quien hizo culminar el
proceso histórico en la etapa positivista o de la
ciencia libre de misterios mitológicos, religiosos o metafísicos y con una gran
apertura al conocimiento científico único que garantiza la verdad y
corroboración del dato real.
El cientificismo se convierte en una postura
ideológica sobre la ciencia como advierte Evandro Agazzi en cuanto deforma el
verdadero sentido de la realidad científica. La ciencia moderna surgida en el
“Renacimiento se caracterizó por el hecho de haber abandonado la actitud
metafísica en relación con la realidad natural, para limitarse a la indagación
de algunos aspectos delimitados de los hechos físicos y de fenómenos sociales.
Sin embargo:
a) El cientificismo pretende dar a la ciencia un
puesto privilegiado al considerar que tiene un poder de decisión totalizador
respecto de las demás actividades humanas. Además, adjudica demasiada confianza
en la ciencia, al grado de caer en la tentación de minimizar su característica
propia, que es la verificación o la demostración de
sus hipótesis y afirmaciones.
b) Es intolerante, como toda ideología, porque
apartándose de los criterios de la ciencia como los de argumentación racional,
objetividad y el control empírico impone conceptos científicos acordes con la
ideología burguesa dominante.
c) El principio de la factibilidad (por el cual los
enunciados científicos estarán siempre disponibles a la crítica de la comunidad
científica hasta que hayan superado victoriosamente todas las pruebas en las
cuales se parte del supuesto de que son falsos), es también minimizado o
anulado.
Es preciso indicar que el cientificismo en cuanto
ideología se inicia a fines del siglos XIX a partir de las ideas gestadas en la
ilustración en la que se coinciden a la razón como el instrumento que nos
liberará de la ignorancia de la metafísica, de los dogmas religiosos y de los
mitos. La razón se convierte aquí en el instrumento primordial de la ciencia
moderna, en la nueva luz que iluminará y dará fundamento a la ciencia de la
modernidad y al nuevo orden social.
Por último, el cientificismo se plasma en las
utopías que proyectan la implantación de una sociedad científica basada en la
idea de que la ciencia, por si misma, dará origen a una sociedad “perfecta” y
feliz.
Escobar E. Gustavo. Ética y valores 2. pág. 6 y 7
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