MANIFIESTO
RUSSELL-EINSTEIN
En la trágica
situación que afronta la humanidad, consideramos que los científicos deberían
reunirse en una conferencia para asumir los peligros que han aparecido como
resultado del desarrollo de las armas de destrucción masiva, y discutir una
resolución en el espíritu del proyecto anexo al presente.
En esta ocasión hablamos, no como miembros de esta o aquella nación,
continente o credo, sino como seres humanos, miembros de la especie Humana,
cuya continuidad de existencia está en duda. El mundo está lleno de conflictos;
y oscureciendo todos los conflictos menores, la titánica lucha entre comunismo
y anticomunismo.
Casi todos, quienes son políticamente conscientes tienen fuertes
sentimientos sobre uno o más de estos temas; pero quisiéramos que ustedes, si
pueden, dejen de lado esos sentimientos y se consideren a sí mismos solamente
como miembros de una especie biológica que ha tenido una historia destacada, y
cuya desaparición no desea ninguno de nosotros.
Trataremos de no decir ni una sola palabra que pudiera aludir a un grupo
mas que a otro. Todos, por igual, están en peligro, y, si el peligro es
entendido, existe la esperanza de que ellos colectivamente puedan conjurarlo.
Debemos aprender a pensar en una nueva forma. Debemos aprender a interrogarnos,
no sobre los pasos que pueden darse para dar la victoria militar al grupo de
nuestra preferencia, porque ya no existen esos pasos; la pregunta que debemos
formularnos es:¿qué pasos pueden tomarse para prevenir una confrontación
militar cuya aparición necesariamente será desastrosa para todos los
contendientes?
El público en general, y aún algunos hombres en posiciones de autoridad,
no han advertido sobre lo que acarrearía una guerra con bombas nucleares. El
público en general todavía piensa en términos de destrucción de ciudades. Se
sabe que las nuevas bombas son más poderosas que las antiguas, y que, mientras
una bomba-A podía arrasar Hiroshima, una bomba-H podría destruir las ciudades
más grandes, como Londres, Nueva York, y Moscú.
Sin duda que en una guerra con bombas-H las ciudades serían arrasadas.
Pero este sería uno de los menores desastres que habría que enfrentar. Si todos
en Londres, Nueva York y Moscú fueran exterminados, el mundo podría, en el
curso de unos pocos siglos, recuperarse de la explosión. Pero sabemos,
especialmente desde la prueba de Bikini, que las bombas nucleares pueden
gradualmente dispersar destrucción sobre un área mucho mayor que la prevista.
Está comprobado con gran autoridad que actualmente puede construirse una
bomba con una potencia 2500 veces superior a la que destruyó Hiroshima. Tal
bomba, si explotara cerca del suelo o bajo el agua, enviaría partículas
radiactivas a las capas superiores del aire. Estas caerían gradualmente
alcanzando la superficie de la tierra en forma de lluvia o polvo letales. Fue
ése el polvo que afectó a los pescadores japoneses y a sus capturas de pescado.
Nadie sabe cuán ampliamente esas partículas radiactivas podrían
diseminarse, pero las mejores autoridades expresan unánimemente que una guerra
con bombas-H podría posiblemente poner fin a la raza humana. Se teme que si
varias bombas-H fueran usadas habría una muerte universal, repentina solo para
una minoría, pero para la mayoría continuaría una lenta tortura de enfermedad y
desintegración.
Muchas advertencias han sido publicadas por eminentes hombres de ciencia
y por autoridades en estrategia militar. Ninguna de ellas dirá que los peores
resultados son seguros. Lo que ellas sí dicen es que estos resultados son
posibles, y nadie puede estar seguro de que no sucederán. Nosotros no hemos
encontrado que las visiones de los expertos en este tema dependan en algún
grado de sus ideas políticas o prejuicios. Ellas dependen solamente, hasta
donde nuestros investigadores han revelado, de la intensidad del conocimiento
específico de cada experto en particular. Hemos descubierto que los hombres que
más saben son los más sombríos.
Aquí radica pues, el problema que le presentamos, cabal, espantoso e
ineludible: ¿Pondremos fin a la raza humana; o la humanidad renunciará a la
guerra? El pueblo no afrontará esta alternativa porque es demasiado difícil
abolir la guerra.
La abolición de la guerra exigirá desagradables limitaciones a la
soberanía nacional. Pero lo que tal vez impida la comprensión de la situación
mas que ninguna otra cosa es que el término humanidad se siente algo vago y
abstracto. La gente apenas imagina que el peligro es para ellos mismos, sus
hijos y sus nietos, y no solo para una borrosamente entendida humanidad. Apenas
pueden advertir que ellos individualmente, y cada uno de sus seres queridos
están en peligro inminente de perecer de manera agonizante. Y así esperan que
tal vez la guerra pueda ser autorizada a continuar siendo provista de armas
modernas con ciertas prohibiciones.
Esta esperanza es ilusoria. Cualquier acuerdo alcanzado en tiempos de
paz para no utilizar bombas-H, no será considerado vinculante en tiempo de
guerra, y ambas partes se pondrían a fabricar bombas-H tan pronto como
estallara la guerra, en caso que, si una de las partes construyera las bombas y
la otra no, quien las construyera resultaría inevitablemente victorioso.
Aunque un acuerdo de renunciar a las armas nucleares como parte de una
reducción general de armamentos no representaría una solución definitiva,
serviría a importantes propósitos. Primero: cualquier acuerdo entre Este y
Oeste será para bien, dado que tenderá a reducir la tensión. Segundo: la
abolición de las armas termonucleares, si cada parte ha comprendido que la otra
lo ha hecho sinceramente, disminuiría el temor de un ataque sorpresivo del tipo
de Pearl Harbour, lo que en la actualidad mantiene a ambas partes en estado de
aprensión nerviosa. Deberíamos, por lo tanto, dar la bienvenida a tal acuerdo,
aunque sea solamente como un primer paso.
Está ante nosotros, si lo elegimos, progreso continuo en felicidad,
conocimiento y sabiduría. ¿Elegiremos la muerte, por lo contrario, por no poder
olvidar nuestras disputas? Hacemos este llamado como seres humanos: Recuerden
su condición humana y olviden lo demás. Si pueden hacerlo el camino permanece
abierto hacia un nuevo Paraíso; si no pueden, está frente a ustedes el riesgo
de la muerte universal.
Resolución
Invitamos a este Congreso, y a través de los científicos del mundo al
público en general, a suscribir la presente resolución:
En vista del hecho de que en cualquier futura guerra mundial las armas
nucleares serán sin duda empleadas, y que esas armas nucleares amenazan la
continuidad de la existencia del ser humano, urgimos a los Gobiernos del mundo
a tomar conciencia, y a reconocer públicamente, que sus propósitos no pueden
alcanzarse por medio de una guerra mundial, y los instamos, en consecuencia, a
encontrar medios pacíficos para la solución de todo conflicto o disputa entre
ellos.
Max Born
Perry W. Bridgman
Albert Einstein
Leopold Infeld
Frederic Joliot-Curie
Herman J. Muller
Linus Pauling
Cecil F. Powell
Joseph Rotblat
Hideki Yukawa
Perry W. Bridgman
Albert Einstein
Leopold Infeld
Frederic Joliot-Curie
Herman J. Muller
Linus Pauling
Cecil F. Powell
Joseph Rotblat
Hideki Yukawa
Bertrand Russell
1. El 9 de julio de 1955 se conoció el “Manifiesto de
Russell-Einstein”. El Manifiesto Russell-Einstein fue un texto redactado por
Bertrand Russell y apoyado por Albert Einstein. En medio de la Guerra Fría, los
firmantes alertaban de la peligrosidad de la proliferación del armamento
nuclear y solicitaban a los líderes mundiales buscar soluciones pacíficas a los
conflictos internacionales. Fue firmado por once científicos e intelectuales de
primera línea, el más notable de ellos Albert Einstein. Unos días después de
ser mostrado, el filántropo Cyrus Eaton se ofreció a organizar una conferencia
en Pugwash, Nueva Escocia (Canadá), el lugar de nacimiento de Eaton. Sería la
primera de dichas conferencias, que se han ido celebrando cada año desde 1957.
Manifiesto Russell-Einstein, en TEPYS, Textos de Economía, Paz y Seguridad, Vol 1, Nº 3,
http://www.eumed.net/rev/tepys/03/re.htm
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